miércoles, 19 de junio de 2013

La del nombre cualquiera

La venía observando desde lejos,  desde aquel día que apareció por casualidad. Fue ese mismo día cuando la  vi pasear lenta,  con la mirada perdida en el horizonte. Andaba en medio de un silencio inquietante ,  en medio de ese característico murmullo que ofrecen los pensamientos.
Un día más de aquellos en los que huía lejos. La brisa en la cara, la soledad infinita, el murmullo de los pájaros, el sol reflejando en su mundo, y  ella sentada entre amapolas intentando contar cuánto pensaba, cuánto sentía a un pedazo de papel. De repente una especie de monólogo interior la invadió:
"Es ella, la del nombre cualquiera; una chica corriente, con una vida corriente. Sin mucho más que añadir, podría incluso llegar a ser graciosa en el mejor de los casos" - dijo aquel que me vio pasear por una calle entre la multitud.
"Soy yo, la del nombre insignificante; una chica que piensa con la firmeza de la tierra, siente con la pureza del aire, vive entorno al juego del agua. Con mucho o poco más que añadir, pero con al menos sí algo que decir. Alguien diferente con unos ojos a los que el mundo se come y no a la inversa. Pero sobre todo una pequeña estúpida que se asombra por todo lo que le rodea" - añadió ella habiendo recorrido ese pequeño tramo de la calle , llamada su vida.