Me levanto y miro al frente, hoy me encuentro con un mundo apagado, lleno de miradas perdidas, momentos olvidados. Los columpios han dejado de estar ocupados por niños, las sonrisas no son más que gestos fingidos, el sol no desprende esa fuerza arrolladora que nos hacía creer en los sueños, mientras que la marea y las gaviotas ya no nos aportan paz, el día a día nos desprecia con la rutina mientras que el destino nos abandona en mitad del peligro, el tiempo corre a la velocidad del viento mientras las nubes esconden aquellos geniales días de verano en los que todos éramos uno. Un choque de sentimientos ha llegado incluso a resquebrajar el cristal y su reflejo con la mirada llena de lágrimas y dudas. Sin embargo, la huida ha dejado de ser una opción; y ahora lo único que alcanzo a saber con certeza es que yo también he dejado de ver la vida con aquellos ojos que se comían el mundo, me he intoxicado de amor sin pretenderlo y me estoy dejando morir.

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