Andaba rápido y se la llevaba la vida, huía y no contaba los días, sonreía a las despedidas; aunque en la oscuridad de su alma buscaba una solución a cada lágrima contenida.
De repente, un día se topó con su mirada y olvidó quién era, solo quiso nunca más perderle de vista, quiso abrazarle para recuperar la paz, poder respirar hondo y ,entonces, derramar una lágrima de felicidad ; quiso obsequiar al mundo con aquella preciosa armonía que le hacía sentir en cada beso. Se sintió viva de nuevo con cada pequeña taquicardia al oír el leve zumbido de su presencia, incluso podía reconocer el olor de su llegada en mitad de la multitud; y también morir de tristeza en todos esos días no vividos, de soledades y compañías anheladas. Experimentó el empaparse piel con piel hasta consumirse en sentimientos.
Y en un instante de lucidez entendió que ya no podría vivir sola nunca más, se murió de rabia por dentro, pero entendió que había saltado al vacío y ya era demasiado tarde para dejar de volar junto a él.

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